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La experimentación fonética del ABC ideario heurístico de Antonio Blasini Gerena

POR FEDERICO IRIZARRY NATAL



En 1968 Lorenzo Homar basó uno de sus grabados más importantes en una cita de Emmanuel Geibel. La misma dice lo siguiente: "Nada sobrepasa la grandeza del alfabeto / ya que en él se encierra toda la sabiduría. / Pero sٖólo descifra su sentido / quien sepa certeramente ordenarlo." Quiero traer a la luz tales palabras del poeta alemán porque bajo la impronta de las mismas se puede generar una lectura del nuevo libro de Antonio Blasini Gerena.

Significativamente titulado ABC-Ideario Heurístico, este libro, compuesto por poemas y narraciones cortas, está organizado alfabéticamente. Constituido por veintinueve textos estructurados según el riguroso orden del abecedario, cada uno de ellos se articula igualmente en torno de la insistencia de la letra que en dicho sistema le corresponda. Con ello me refiero a que el método escritural elegido por el autor no se limita al flujo que corre de la A a la Z (los títulos de cada uno de los textos dan cuenta de ello); sino a que el mismo contenido de los textos está determinado por una pulsión: la de la omnipresencia de la letra del alfabeto que administra con obsesión y severidad su concreción a la manera de las cartillas fonéticas. Esto último hace que el libro cobre una contundente coloración lúdica; también un sólido matiz barroco. Sin llegar a ser una camisa de fuerza, tal metodología deviene un gran reto del cual el autor termina saliendo perfectamente airoso. Para poder ejemplificar lo dicho, cito la segunda estrofa del poema titulado "La mosca". En la misma se logra una breve pero puntual descripción de este pequeño insecto, el cual -como se recordará- ya se había granjeado su valía lírica en la poesía de Antonio Machado. En el texto de Blasini, regido por la demanda de la letra M, queda ingeniosamente descrita de la siguiente manera:
Minúscula,
cual morfema de minuta,
con su miríada de multicolores miradas,
se mueve entre el metano
de las máculas macilentas,
por las magras membranosas,
se mueve con su medroso moscardoneo
molestando al mortecino hasta su merecida mortaja…


En su aliteración, el efecto sonoro que provoca la M podría referir al zumbido sordo que produce el vuelo de la mosca. En su materialidad de letra fijada con tinta en el papel, el efecto visual que suscita, por su profusión a lo largo del cuerpo textual, redunda en una estampa abyecta de ese otro cuerpo -el del muerto- invadido por estos pequeños animalejos en clara señal, por un lado, de la descomposición de los despojos y, por otro, de la tenacidad y la perseverancia de la mosca triunfal. Esto último, de hecho, parece ser la matriz del poema, pues coloca a este insecto en virtud de una suerte de entidad épica que, a pesar su engorrosa naturaleza, ha pervivido en la Historia malhumorando alguna vez desde el Minotauro hasta la Milagrosa María Santísima, tal y como el mismo poema lo expresa.
No obstante, más allá de los efectos sonoros y visuales, así como de las posibilidades significativas de cada texto, cuanto me interesa es reconocer qué subyace en esta aventura alfabética a la que se aboca el libro de Blasini. Para ello, resulta importante recordar una vez más las palabras de Geibel ("Nada sobrepasa la grandeza del alfabeto / ya que en él se encierra toda la sabiduría. / Pero sólo descifra su sentido / quien sepa certeramente ordenarlo"). Organizado bajo el intransigente esquema del abecedario, la pregunta que adviene en consecuencia es la siguiente: qué es lo que descifra en su ordenamiento este libro, cuál es el sentido que finalmente acontece.
Una mirada atenta a estos textos daría cuenta de que su experimentación fónica deriva, en la gran mayoría de las ocasiones, hacia la generación de un discurso relacionado con animales; muy particularmente con aquellos (naturales o mitológicos) que destacan por ser feroces, carroñeros, nocivos. Un caimán que devora a una descuidada catequista fugada del convento; un tigre que deglute a un tahúr concentrado ante la taumaturgia y los textos del Talmud; un buitre que se atiborra de los restos de una bulímica Beatriz; un dragón defraudado que aniquila a dentelladas a la deseada damisela que lo rechaza; y un gusano que, insatisfecho en su gula, aumenta su gordura en una interminable gesta geófaga; son algunos de los animales que, en este libro, dan cuenta de lo antedicho. Un principio de calamidad, podría decirse, es lo que rige este bestiario, el cual, a su vez, se flexibiliza un tanto para abrirse también a una fauna humana que incluye bestias igualmente peligrosas: rufianes y violadores, oportunistas y soldados, periodistas proselitistas y poetas pedantes, ente otros; todos, con el propósito de saquear aquello que levante sus pasiones más bajas, sus instintos animales.
Vistos de tal manera, lo que estos textos descifran es un sentido contundente de depredación que, al parecer adviene con el mismo lenguaje. Creo que fue Darío quien dijo que en el lenguaje hay más animales extraños que en el fondo del mar. Gran parte de los textos de este libro dan cuenta de ello. Interpreto así que lo que subyace en este experimentalismo alfabético y fonético del libro de Blasini es una crítica incisiva de la herramienta primordial con que cuenta el ser humano para ser e intervenir en el mundo: la lengua. Si el lenguaje es la casa del ser, como aseguró Heidegger en su momento, Blasini parece desestabilizar esa certeza desde su mismo centro. Invadido cada texto con palabras que repiten obsesivamente una letra (o un sonido) se crea un efecto de saturación que termina por corroerlo en su materialidad, tanto a nivel visual como auditivo. Saturado y corroído, el sentido de depredación no sólo está dado en el contenido; proviene, de tal manera y de forma más puntual, desde el interior de cada uno de los textos: el lenguaje se come al lenguaje, lo saquea en su dimensión sonora, lo consume en su concreción visual.
En la parte final del libro, titulada "Post datos naturales", el autor parodia la recepción que de estos textos realizan las entidades oficiales de la palabra: los editores, los dueños de las librerías, los promotores de las ferias de libros. Alborotados, estos receptores, casi a manera de un linchamiento, cuestionan gritando: "¿qué es esto?", "¿de qué está hablando este tipo?", "¿qué es ese revolú que se oye allá afuera?". Este escándalo ficticio que coloca Blasini como epílogo evidencia, a mi parecer, que ha estado consciente de que su libro, más allá del giro lúdico y experimental de sus textos, constituye una crítica de envergadura que podría devenir polémica. Quizás por ello la burla va dirigida a estos vigilantes de la palabra. Con temple calmado y seguro, el autor reflexiona ante ello: "Sólo son unos pocos prepotentes preguntones que prometen perjudicar con su propaganda de prejuicios mi propuesta poética".
Por otro lado, que haya sido una constante zoológica el elemento elegido para erigir esta crítica al lenguaje es de importancia. Carmen Foxley afirma que la animalización “implica una focalización negativa y regresiva del ser humano, al que vemos reducido a una transformación grotesca y a un estado de privación de los atributos singulares que lo hacen diferente y superior al animal”. La animalidad ha servido, por tanto, como medida despectiva para nombrar al hombre desde la bestialización. Bajo su peso, el ser humano suele ser presentado como una entidad fosilizada en la imposibilidad de superar los más toscos y primarios impulsos de su naturaleza al interior de un contexto presuntamente marcado por un progreso civilizador al que debe ser consecuente. Así, los atributos son siempre negativos: salvaje, cruel, basto, territorializador, irracional. La animalidad depredadora de la que se valen muchos de los textos de este libro obran en función de develar el fondo primitivo que aún late en el mismo seno de lo humano. En palabras de la fenecida Mara Negrón, puede afirmarse, entonces, que "de la animalidad no hay salida".
Antes de concluir, vale indagar un poco en torno del título del libro: ABC-Ideario Heurístico. Este último término, heurístico, según las definiciones más usuales, remite al arte o a la ciencia del descubrimiento y la invención por los cuales se logra una resolución de problemas mediante la creatividad y el pensamiento divergente. De acuerdo con lo antedicho, la metodología heurística radica en estos textos en la experimentación fonética que puede darse dentro del contexto tenso del alfabeto. Desestabilizar el rigor del abecedario desde adentro, mediante un proceder de inclinaciones vanguardistas amparadas en la ponderación de las posibilidades materiales de la lengua, deviene una valiosa propuesta alterna para pensar el mundo y lo humano. En ello arraiga el ideario de esta propuesta.
No queda más que invitarlos a participar de esta aventura literaria. Cruzados libremente por los géneros de la fábula, la canción, la adivinanza, el comunicado de prensa, el cuento modernista, la anécdota de costumbres y el poema lírico, estos son textos que satisfacen en su reto y en su propuesta. Si el alfabeto constituye un sistema que encierra sabiduría, tal y como estableció Geibel, la versión literaria que realiza Blasini en este libro garantiza un conocimiento y un placer estético del que no podemos dejar de ser parte.



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