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Aprendí en una sesión mediúmnica…

Por: José E. Arroyo

Si fuese a clasificar, apenas de una manera genérica para poder sintetizar, los tipos más comunes de sesiones mediúmnicas, podría nombrar cuatro tipos:
  • Las sesiones de Orientación, en las que Espíritus Benefactores y Colaboradores o Mentores desean comunicarnos lecciones, consejos u observaciones. En estas sesiones podemos tener intercambios, tipo conversatorios o escuchar y tomar notas para luego analizar la coherencia, lógica y relevancia del mensaje, tal como sugería Kardec.
  • Las sesiones Experimentales. Con estas se busca primordialmente la realización de efectos físicos, ya sea la tiptología, la voz directa, ectoplasmía, aportes y transportes, levitaciones, materializaciones parciales o completas, transcomunicación instrumental y otras formas de interacción con los desencarnados, que sean objetivas y repetibles.
  • Las sesiones de Desobsesión. Esta es principalmente un área de la Terapia Espírita que se especializa en la resolución de conflictos. Para quienes conocen del asunto pueden afirmar que múltiples traumas, complejos, complicaciones existenciales y respuestas pueden ser comprendidas y reenfocadas a través de la dinámica desobsesiva. Esta es una tarea prioritaria y delicada que requiere de amor, paciencia y entrega por parte de todos los involucrados en el proceso, para poder aliviar o atenuar la tensión en la relación obsesor(es) – obsesado(s).
  • Las sesiones de Esclarecimiento. La menciono en cuarto lugar, no porque haya una más importante que la otra, objetivamente hablando, debido a que su priorización se dará en función de los enfoques o intereses de los médiums y demás participantes de la sesión. En el Esclarecimiento podemos tener un diálogo asertivo con espíritus en un estado de confusión y turbación tales, que los hay quienes no saben siquiera que han desencarnado. El Esclarecimiento por tanto es el proceso de poder aliviar el dolor que se proyecta en la psiquis de quien todavía se percibe como un encarnado; es la oportunidad de proveer instrucciones y dirección a quien carece de interés o de alguna trayectoria definida para con su propio desarrollo espiritual.
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Con el Esclarecimiento, al igual que con la Desobsesión, estamos participando activa, consciente, voluntaria y dinámicamente en algunas de las actividades que realizan los Mentores Espirituales en su cotidianidad, en su existir en el Extra Físico. Esta es también una tarea de amor, que redunda en beneficio de todos los involucrados.

En la Escuela Espírita Allan Kardec, procuramos reservar espacios para estas dinámicas, de una forma organizada, secuencial, responsable y respetuosamente. Reconozco que tendemos a preferir unas más que otras, pero eso es algo natural que equilibramos al sopesar los intereses del colectivo, o sea de todos los participantes.

Como Médium sé que cada comunicación, cada oportunidad de intercambio activo y ostensivo debe ser apreciada y valorizada, sin importar en cuál de estas dinámicas estamos participando. Para no perdernos en una contemplación inerte, cada sesión debe rendir frutos, debe ser productiva y redundar en beneficios para todos, como anteriormente expuse. Pero a veces, dichos beneficios no son evidentes, si no estamos despiertos, atentos y con la actitud ajustada por la sencillez que nos permita reconocer las limitaciones que temporalmente poseemos y que deseamos conscientemente superar. En definitiva, tenemos que utilizar el juicio, el buen sentido y la razón para poder analizar las comunicaciones, identificarnos con las circunstancias, las vivencias y los eventos relatados, así como con las alternativas y las soluciones que se nos ofrecen.

De hecho, recomiendo constantemente no solo la lectura, sino el estudio metódico y paulatino de El Libro de los Médiums y de El Cielo y el Infierno, ambos de Allan Kardec, para poder integrar todo lo anteriormente dicho en nuestro ejercicio mediúmnico. Uno de mis capítulos favoritos en El Libro de los Médiums es el Capítulo XX de la Segunda Parte.

Especialmente, por el inciso 4 que lee como sigue:

Pregunta Kardec a los Colaboradores Espirituales: 4. Hay médiums que reciben comunicaciones espontáneas y casi continuas acerca de un mismo tema: sobre ciertas cuestiones morales, por ejemplo, o sobre determinados defectos. ¿Tiene eso una finalidad?

Respondieron los Sabios Instructores: “Sí, y esa finalidad es ilustrarlos acerca del asunto que se reitera con frecuencia, o para que se corrijan de ciertos defectos. Por eso a algunos médiums los Espíritus les hablan sin cesar del orgullo, y a otros de la caridad. Sólo la insistencia con que son tratados esos temas podrá, por fin, abrirles los ojos. No existe un médium que abuse de su facultad, por ambición o por interés, o que la comprometa por causa de un defecto grave, como el orgullo, el egoísmo, la liviandad, etc., y que no reciba de tiempo en tiempo algunas advertencias de los Espíritus. Lo malo es que la mayoría de las veces no las toma como dirigidas a sí mismo.”

Kardec hace un comentario que me parece genial: OBSERVACIÓN – Los Espíritus a menudo imparten sus lecciones con reserva. Lo hacen de modo indirecto, para no quitarle el mérito al que sabe aprovecharlas y las aplica a sí mismo. Sin embargo, el orgullo y la ceguera son tan grandes en algunas personas, que estas no se reconocen en el cuadro que los Espíritus les ponen delante de los ojos. Peor aún: si el Espíritu les da a entender que se refiere de ellas, se encolerizan y lo califican de embustero o de bromista de mal gusto. Con eso alcanza para probar que el Espíritu tiene razón.

Ante esto, me he dado a la tarea de estar más atento, más pendiente de qué me puede ser útil de cada comunicación. ¿Cómo me puedo identificar o prevenir el drama que se desdobla frente a nosotros? ¿Cómo puedo reforzar la esperanza, el optimismo y el amor no solo en mí, sino en los demás, especialmente en quienes se sienten vencidos por el peso temporero y aparente de las circunstancias? Este tipo de reflexiones se las recomiendo a todos los que participan de algún tipo de sesión mediúmnica.

Hace poco tuvimos la oportunidad de orientar a un espíritu cuya vida física había estado llena de desconfianza, recelos y pesimismo. Era una persona que constantemente estaba esperando la traición y el engaño y por consiguiente se forjó una vida rodeada de lo que esperaba ver: traiciones y desengaños. A pesar de las circunstancias que definieron sus pensamientos constantes pudo conocer el amor y la abnegación de un alma noble. La que fue su compañera en esa reciente aventura encarnatoria le daba ejemplos, que no eran emulados por este amigo en sufrimiento. En resumen, sus vidas tomaron rumbos muy distintos, pero la magnificencia de las Leyes Divinas se hizo evidente en esa sesión mediúmnica.

A pesar de los crímenes, de la soledad y el abandono auto impuesto, este amigo fue traído a la sesión para recibir atenciones, sin percatarse de que nos estaba dando grandes lecciones. Después de describirnos la precariedad de su condición, sus proyecciones ideoplásticas desaliñadas, sucias e identificadas con el decaimiento y la podredumbre, se dio la oportunidad de considerar la ayuda que nunca se le ha negado, pero que por desconfianza rechazaba. Según fue ajustando su “visión” (realmente su patrón de pensamiento) fue notando que la mano amiga que se le ofrecía y que se acercaba era la de quien fuese su amada. Ella exudaba luz, demostrando, sin cegar ni humillar, que estaba en una posición muy distinta a la de su amado. En un gesto característico de los Espíritus Esclarecidos, el intercambio telepático fue inmediato y certero, cargado de emotividad, compasión y comprensión para con aquel que nos decía que no se sentía merecedor de tanto amor, mientras sollozaba.

De todo lo que puedo relatar, lo que más me impactó, que procedí a anotar rápidamente y les comparto en este artículo, fue cuando el comunicante dijo: “… de donde ella viene huele a flores, a rosas, a jazmín, ¡huele a VIDA!...”

Traten por un instante de meditar en todo lo que encierra esta frase. Todo el sentimiento, la emoción, de quien se siente náufrago en la tormenta de los retos cotidianos y que rápidamente se siente rescatado y a salvo. En esa noche, con esa comunicación, aprendí o mejor aún re-aprendí, que siempre hay esperanza, que todo pasa, que siempre estamos en buena compañía y que nosotros somos más grandes que las situaciones difíciles, porque nosotros las superaremos y ellas pasarán…

Publicado originalmente en la revista “A la Luz del Espiritismo” (www.educacionespirita.com)



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