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Monsanto + Syngenta: Los gigantes del agronegocio se consolidan

Por: CARMELO RUIZ MARRERO


Tal parece que la fusión entre los gigantes de biotecnología agrícola Monsanto y Syngenta se hará realidad en 2016. Esta fusión ha sido muy comentada en los ámbitos del agronegocio y entre activistas opuestos a los agrotóxicos y transgénicos, pues de realizarse la empresa resultante controlaría 45% del mercado comercial de semillas a nivel mundial y 30% del negocio de los agrotóxicos.



En abril de 2015 la estadounidense Monsanto había ofrecido comprar a Syngenta por $45 mil millones, pero la empresa europea quería más dinero. Ahora ambas podrían estar más dispuestas a transar en vista de la fusión inminente de otros dos gigantes del agronegocio: Dow y Dupont. Según el científico agrícola y analista Charles Benbrook, las operaciones agrícolas de Dow y Dupont serían convertidas en una compañía separada que combinaría a Dow Agrosciences, la actual división agrícola de Dow, con Pioneer, actualmente subsidiaria agrícola de Dupont (1). Dow Agrosciences tiene 10% del mercado mundial de agrotóxicos y 4% del mercado de semillas, mientras que a través de Pioneer, Dupont posee 21% del negocio mundial de semillas comerciales y 6% del mercado global de agrotóxicos.


Estas dos megafusiones corporativas serían la culminación de un proceso agresivo de adquisiciones y consolidaciones corporativas ocurrido a lo largo de las últimas cuatro décadas. Silvia Ribeiro, del Grupo ETC, informa que en 1981 “había en el mundo más de 7 mil empresas que producían semillas comerciales, la mayoría familiares, y ninguna controlaba más de uno por ciento del mercado; 34 años después, seis trasnacionales controlan 63 por ciento del mercado global de semillas y 75 por ciento del mercado global de agrotóxicos. Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer y Basf, todas originalmente fabricantes de veneno, son las seis gigantes que controlan agrotóxicos, semillas y 100 por ciento de los transgénicos agrícolas.” (2)


Las compañías insisten en que estas fusiones son necesarias para lograr las economías de escala que alegan son necesarias para alimentar una población mundial creciente, al igual que para afrontar el reto cada vez más apremiante del cambio climático. Pero el Grupo ETC, organización no gubernamental con sede en Canadá, advierte que la consolidación del agronegocio es un peligro para la seguridad y soberanía alimentarias, y que entorpecerá los esfuerzos por contrarrestar el cambio climático. “El permitir que más insumos agrícolas acaben en menos manos es una receta para el desastre”, dice la organización en un informe publicado en diciembre de 2015. (3)


Según Benbrook, estas fusiones significan para los agricultores menos opciones a la hora de adquirir semillas de maíz y soya, precios de semillas más altos, y un incremento en el uso de tecnologías transgénicas que cada vez funcionan menos para combatir plagas y malezas.


“El desempeño financiero a corto plazo de la nueva compañía (Dow y Dupont) será determinado por cuán rápido la siguiente generación de semillas de maíz y soya puedan ser llevadas al mercado, semillas genéticamente alteradas para resistir herbicidas múltiples. El apretón financiero sobre el sector agrícola será más estrecho a medida que otra porción de ingreso de la finca pase a desarrolladores de tecnologías y suplidores de insumos. Habrá, después de todo, nuevos objetivos de ganancia y mucha deuda nueva que habrá que saldar.”


Según Ribeiro, una de las razones de Monsanto para buscar socios como Syngenta es la desesperación. Su producto estrella, el herbicida glifosato, ya no sirve debido a que su uso extensivo ha provocado el surgimiento de decenas de especies de supermalezas resistentes a éste. Y encima de eso la Organización Mundial de la Salud lo ha identificado como un probable carcinógeno. Monsanto busca con urgencia acceso a nuevos herbicidas para entonces desarrollar nuevos cultivos transgénicos que los puedan resistir.


Pero las semillas y agrotóxicos no son los únicos sectores agrícolas que se están consolidando. Las compañías de fertilizante y de maquinaria agrícola van por la misma ruta, y esas sí mueven dinero en grande. El negocio mundial de las semillas es de $39 mil millones y el de agrotóxicos de $54 mil millones, según cifras de 2013. Pues comparen eso con el de maquinaria agrícola, $116 mil millones, y el de fertilizante, $175 mil millones. Y también son sectores económicos de gran concentración: tres firmas controlan 49% del negocio de maquinaria agrícola, y en Norteamérica tres compañías de fertilizante componen el consorcio Canpotex, que controla un tercio del abasto mundial de potasa (hidróxido de potasio), ingrediente esencial de los fertilizantes.


Los fabricantes de maquinaria están expandiéndose hacia el territorio ocupado por Monsanto y sus competidores. John Deere, firma número uno del sector, tiene alianzas y convenios con cinco de las seis compañías líderes del negocio de semillas y agrotóxicos con miras a aumentar sus ventas mediante pólizas de seguro que condicionan a los agricultores a usar sus semillas, agrovenenos y maquinaria. Y mientras tanto Monsanto colabora activamente con los tres mayores fabricantes de maquinaria de finca, que son además de John Deere, la holandesa CNH y la estadounidense AGCO.


Las compañías de maquinaria agrícola también se están moviendo en grande hacia el nuevo y creciente campo de la llamada ‘agricultura de precisión’, la cual utiliza software, robótica, drones, sistemas de posicionamiento global, observación satelital y datos del clima. "La agricultura de precisión implica el control de la información y su transformación en mercancía, y es una de las herramientas de alta tecnología que impulsa la industrialización de la agricultura, la pérdida de conocimientos agrícolas locales y la erosión de los derechos del agricultor", me dijo Hope Shand, directora de investigación del Grupo ETC, en una entrevista en 2002 (4). "Con la agricultura de precisión los agricultores se hacen paulatinamente más dependientes de la toma de decisiones desde fuera de la granja para determinar los niveles de insumos. Por ejemplo, dictar qué semilla, fertilizante, agroquímicos, espacio entre surcos, irrigación, qué técnicas de cosecha se usarán, y otros requerimientos", agregó.


La industria del fertilizante, por su lado, está utilizando el discurso de la “agricultura climáticamente inteligente” (climate-smart agriculture) para defender sus intereses. Esta modalidad de producción agrícola supuestamente innovadora, que cuenta con el aval de Naciones Unidas, pretende atender el problema del cambio climático pero no es más que un engaño corporativo, según La Vía Campesina, organización que agrupa a decenas de millones de pequeños agricultores del mundo entero y enarbola la bandera de la soberanía alimentaria (5).


Nos informa la organización no gubernamental GRAIN que se trata de un frente corporativo para ocultar los intereses de los fabricantes de fertilizante:


“La Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, creada (en 2014) en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Nueva York, es la culminación de varios años de esfuerzo por parte del grupo de cabildeo de los fertilizantes para bloquear cualquier acción importante en el área de agricultura y cambio climático. De los 29 miembros fundadores no gubernamentales de la Alianza, hay tres grupos de cabildeo de la industria de fertilizantes, dos de las compañías de fertilizantes más grandes del mundo (Yara de Noruega y Mosaic de Estados Unidos) y un puñado de organizaciones que trabajan directamente con las compañías de fertilizantes en programas sobre cambio climático. Hoy, 60% de los miembros del sector privado de la Alianza aún provienen de la industria de fertilizantes.” (6)


“Las mega-fusiones de grandes empresas agrícolas aumentarán costos, reducirán la innovación, recortarán opciones y disminuirán la diversidad. Las autoridades nacionales antimonopolistas- especialmente en el Sur global- deben revisar, hacer cumplir y fortalecer las leyes anti-monopolio”, dice el grupo ETC. “Se necesita urgentemente acción para monitorear, regular y contrarrestar el poder corporativo para que no comprometan más a la soberanía alimentaria y la justicia climática.”


Coincidimos plenamente con las conclusiones de Ribeiro, “Si esas fusiones se permiten, vamos hacia nuevos oligopolios que controlarán semillas, variedades, agrotóxicos, fertilizantes, maquinarias, satélites, datos informáticos y seguros. Y que dañarán, contaminándolas y por otras vías, a las opciones reales para la alimentación y el clima: la producción campesina, descentralizada, diversa, con semillas propias, que son quienes alimentan a la mayoría de la población.”


Ruiz Marrero es periodista puertorriqueño. Dirige el Blog de Bioseguridad y el Monitor de Energía y Ambiente de América Latina. Su nuevo libro El Gran Juego de Ajedrez Botánico está a la venta y disponible por Amazon y Librería Isla. Su identificación en Twitter es @carmeloruiz.


1 Charles Benbrook. “Time for a Free-Pioneer movement?” Des Moines Register, 11 de diciembre 2015. http://www.desmoinesregister.com/story/opinion/abetteriowa/2015/12/11/time-free-pioneer-movement/77114700/
2 Silvia Ribeiro. “Canibalismo corporativo: Lo que sigue” La Jornada, 26 de diciembre 2015. http://www.jornada.unam.mx/2015/12/26/opinion/021a1eco
3 Grupo ETC. “Breaking Bad: Big Ag Mega Mergers in Play” 15 de diciembre 2015. http://www.etcgroup.org/content/breaking-bad-big-ag-mega-mergers-play
4 Carmelo Ruiz Marrero. “Hacia el estado agropolicial” ALAI, 28 de septiembre 2014. http://www.alainet.org/es/active/77511
5 Carmelo Ruiz Marrero. “Agricultura ‘climáticamente inteligente’, otro engaño del agronegocio” Agencia Tegantai, 9 de junio 2015. http://www.agenciaecologista.info/editoriales/799-agricultura-climaticamente-inteligente-otro-engano-del-agronegocio
6 GRAIN. “Las Exxons de la agricultura”. 30 de septiembre 2015. https://www.grain.org/article/entries/5276-las-exxons-de-la-agricultura



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