NUESTRA CULTURA
Search

Recordando aquel once de marzo

Por: CARMELO RUIZ MARRERO

"La moderación no tiene lugar en la UPR. Habrá violencia de no cumplirse
nuestras exigencias. La administración universitaria será responsable de
lo que pase."
-José Granados Navedo, 27 de enero de 1971.


Al comenzar el mes de marzo de 1971 los ánimos en el recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico estaban más caldeados que quizás en cualquier otro momento en la historia de la institución.
El reclutamiento forzoso de jóvenes boricuas por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos para pelear contra Vietnam, la presencia indeseada en el campus del ROTC (Reserve Officers Training Corps), grupo estudiantil organizado por el ejército de Estados Unidos, el totalitarismo del presidente Jaime Benítez y el asalto frontal de la administración del gobernador Luis A. Ferré, habían encontrado una respuesta cada vez más militante y organizada por parte de la comunidad universitaria. Y para caldear los ánimos más aún, varios miembros del Partido Independentista Puertorriqueño recién habían sido encarcelados tras una protesta pacífica contra las prácticas de tiro de la fuerza naval de EEUU en Culebra.

Un año antes, el 4 de marzo de 1970, los estudiantes habían respondido a las provocaciones de los alumnos anexionistas, los cadetes del ROTC y la Guardia Universitaria sitiando por horas la fortaleza del ROTC, la cual estaba próxima al Centro de Estudiantes.

La fuerza de choque se presentó y desalojó el recinto con una brutalidad descomunal y rompieron en estampida por todo el casco urbano de Río Piedras. Fue en esa embestida represiva que un policía mató de un tiro a la estudiante Antonia Martínez, de 21 años de edad, en la avenida Ponce de León esquina Gándara.

Todo apuntaba hacia una inminente y sangrienta confrontación entre progresistas y asimilistas en la UPR.

¿Qué ocurrió ese día?

A las nueve de la mañana del once de marzo de 1971 un grupo de cadetes del ROTC, algunos portando banderas de Estados Unidos, entraron a la cafetería del Centro de Estudiantes en actitud desafiante, provocando una pelea. Los cadetes, viéndose apabullados, corrieron a refugiarse en su fortaleza perseguidos por los estudiantes. Varios universitarios fueron heridos tras un intercambio de pedradas con los cadetes dentro del edificio.

La Guardia Universitaria se interpuso entre la fortaleza asediada y los estudiantes. Los líderes estudiantiles negociaron con el jefe de la Guardia y así lograron persuadir los estudiantes a retirarse y los cadetes a permanecer dentro del edificio.

Pero al dispersarse los estudiantes, varios cadetes atacaron al Centro con piedras, perdigones y tiros desde el techo de su fortaleza. Los universitarios respondieron erigiendo barricadas con mesas y sillas de la cafetería para defenderse y contestar el ataque. Los cadetes entonces salieron de su edificio en ataque contra el Centro, con la Guardia Universitaria interviniendo a su favor. Miles de estudiantes de todo el recinto acudieron a la batalla.

A pesar de su uso de armas de fuego y gases lacrimógenos, la Guardia fue casi completamente rodeada por los estudiantes, y alrededor de las once de la mañana ésta huyó despavorida hacia la salida a la Avenida Barbosa. Algunos guardias fueron alcanzados por los estudiantes y golpeados. Los cadetes se batieron de nuevo en retirada a su fortaleza, la cual fue sitiada una vez más. En la balacera que siguió, varios estudiantes y cadetes fueron heridos y murió el cadete Jacinto Gutiérrez. Fue a esa hora que comenzaron a aparecer en el campus hombres vestidos de civil disparándole a los estudiantes.

A las 12:30 p.m. entraron al recinto dos destacamentos de la fuerza de choque, uno por la Avenida Barbosa y otro por la entrada del Museo en la Avenida Ponce de León. Los uniformados entraron confiados de que sería una repetición del cuatro de marzo del año anterior, pero habrían de llevarse una terrible sorpresa.

Las tropas que entraron por el Museo, dirigidas por el comandante Juan Mercado, se detuvieron en el islote frente al Centro de Estudiantes. Cuando el comandante se dirigió a su contingente para dar instrucciones para la toma forzosa del Centro sonaron varios disparos, uno de los cuales lo mató. En la balacera que siguió, otros cuatro miembros de la fuerza fueron heridos.

Mientras tanto, las tropas de choque que entraron por la Barbosa, bajo el mando del comandante Margaro Cruz, fueron recibidas con pedradas, cocteles molotov y tiros. Cruz fue herido de bala y uno de sus subalternos, el policía Miguel Rosario, fue herido de muerte.

Los dos destacamentos de la fuerza de choque se quedaron paralizados y a la defensiva hasta que aparecieron refuerzos con rifles semiautomáticos AR-15.

Fue entonces que las fuerzas represivas lograron tomar el recinto y desalojar a todos los ocupantes. A los que no corrieron lo suficientemente rápido se les dieron brutales golpizas y fueron llevados al cuartel general de la policía, donde continuaron siendo golpeados.

El licenciado Roberto José Maldonado se presentó al cuartel para representar a los jóvenes detenidos, pero la policía se rehusó a permitirle verlos. Al insistir, éste fue golpeado por dos horas, lo cual le causó una contusión cerebral. Quedó temporeramente paralítico.

A las 2:30 de la tarde la batalla se extendió hacia el casco de Río Piedras, donde policías y agentes encubiertos atacaron a cuanto estudiante se encontraron. Al caer la noche los universitarios pusieron barricadas en la Avenida Universidad y la calle Amalia Marín esquina Humacao y se defendieron con molotovs y piedras.

Los estudiantes y policías heridos, al igual que los cuerpos de Mercado y Rondón, fueron llevados al Centro Médico. Ahí los policías macanearon salvajemente a los estudiantes, incluyendo los que estaban heridos, a los doctores y las enfermeras. Una escena similar se dió esa noche en el Hospital del Maestro.

¿Qué ocurrió después?

Después de ese trágico día, la administración cerró la universidad por un mes. Esta fue abierta el doce de abril con una presencia nutrida de agentes encubiertos armados, cámaras de seguridad y otras medidas represivas. Se prohibió por los próximos treinta días todo tipo de actividad política, incluyendo la distribución del periódico independentista Claridad.

El mismo día en que se reabrió el recinto se llevó a cabo en la avenida Ponce de León un enorme piquete de protesta, en abierto desafío al ambiente represivo. En el resto del mes los estudiantes hicieron otras cuatro demostraciones similares y se solidarizaron con una huelga de los trabajadores de mantenimiento.

Sepan todos que si hoy día los estudiantes de la UPR pueden manifestarse, congregarse, organizarse y publicar literatura sin tener que pedir permiso a la administración universitaria es porque esos derechos fueron ganados a sangre y fuego mediante gestas heroicas como la de aquel 11 de marzo de 1971, que no debemos olvidar jamás.


6 de marzo de 1998



nanomag

Cultura Común es un centro de difusión, divulgación y debate sobre los asuntos que son comunes. Porque la diferencia, la diversidad, la divergencia y la disidencia nos es común. Desde este espacio se ofrecerá una nueva perspectiva sobre la manifestación cultural puertorriqueña, sus actores, sus protagonistas, y su público. Envianos tu colaboración a info@culturacomun.com


0 thoughts on “Recordando aquel once de marzo