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La ciudad habitable: Entrevista a don Hermenegildo Ortiz



En ocasión del reciente fallecimiento del señor Hermenegildo Ortiz, comparto con ustedes una entrevista que le hice para el periódico Claridad en diciembre de 2002.


Algo anda mal, muy mal, en este país. La construcción de autopistas, urbanizaciones y megacentros comerciales no parece tener fin. Se siguen arrasando bosques y humedales, rellenando sumideros, pavimentando valles y tumbando mogotes, y no parece haber manera de detener el proceso. Las comunidades y grupos ambientalistas que se enfrentan a esta vorágine acaban perdidos en un laberinto de Kafka, pues parece que en la máquina del llamado desarrollismo no hay nadie en los controles.


Hablamos sobre estos temas con don Hermenegildo Ortiz, quien fue Secretario de Transportación y Obras Públicas durante la gobernación de Hernández Colón y Presidente de la Junta de Planificación bajo el actual gobierno hasta su muy discutido y comentado despido el pasado mes de junio.


“No se le ha dado orden al crecimiento”, puntualizó Ortiz, comentando sobre la expansión urbana descontrolada. Como veremos a continuación, no se opone al crecimiento como tal.


Aparte de los daños ambientales causados por el crecimiento desparramado, están también los daños infraestructurales. La infraestructura -carreteras, acueductos y alcantarillados- simplemente no se puede expandir a la par con el desparramo, y colapsa. Señãló Ortiz que la mitad del agua en los acueductos no llega a cobrarse- por robos y averías- la mitad de las aguas sucias no llegan a plantas de filtración y las carreteras no aguantan tanto tráfico.


¿Se pueden reconciliar los intereses de la industria de la construcción con los del pueblo de Puerto Rico y del medio ambiente?, le preguntamos, a lo cual respondió en el afirmativo. “Creo que no hay otro camino. No se trata de detener el crecimiento sino de hacer que ocurra donde debe ocurrir. Estamos hablando de construir de otra manera.”


Ahora vayamos de la protesta a la propuesta. ¿Qué propone Ortiz? ¿Qué visión tiene para el futuro de la urbe boricua? (Aquí seguramente nos acercamos a las razones de su despido de la JP, que los partidarios del desparramo tanto aplaudieron)


Ortiz compartió con nosotros el concepto de la ciudad habitable. “Es una ciudad que sea pensada para el ser humano y no para el automóvil”.


La ciudad habitable deberá estar fundamentada en tres principios:
  • Que los centros urbanos sean compactos, de modo que en ellos se puedan combinar diferentes usos, como residencial, comercial y escuelas.
  • Comunidades caminables. Que sea posible recorrerlas sin tener guiar o tomar guagua.
  • Un sistema de transportación colectiva que sea conveniente y confiable para los usuarios.
Don Hermenegildo identificó nuestra dependencia exagerada del automóvil privado como uno de los mayores problemas de planificación y calidad de vida de Puerto Rico. El que no tiene carro sencillamente no se puede mover en este país, pues no hay transporte colectivo confiable.


“Esto trae un elemento de inequidad. Nuestro sistema de transportación facilita el movimiento de personas que tienen dinero para comprarse un carro. El sistema satisface solamente las necesidades de aquellos que tienen carro.”


Pero don Hermenegildo reconoce que la cosa no es color de rosa para los conductores tampoco. Quienes tienen carro a menudo se ven obligados a salir de sus hogares en la madrugada para que no los coja el tapón. Mencionó que los estudios de crecimiento inteligente de la Universidad Metropolitana muestran que los conductores puertorriqueños pierden hasta años enteros de sus vidas en el tapón. ¡No en balde están ahora vendiendo para el carro no solamente estereos y CD players sino también televisores con DVD!


Ortiz es enfático en que construir más carreteras no va a resolver el problema del tapón, sino muy al contrario. Durante su vida ha visto tres carreteras que conectan San Juan a Caguas. La primera cayó en desuso y fue olvidada tras la construcción en la década de 1950 de la carretera de hormigón que tumba montes por Tortugo y la Muda, conocida como la carretera número uno. Luego al final de los 70 se construyó el expreso Ferré, que corta justo por el medio de Caimito. Desde entonces se le llama a la carretera uno la “carretera vieja”, a pesar de que por mucho años fue conocida como “la nueva”.


Pero el tapón se ha puesto peor con la construcción de cada carretera. Ya a las 8 de la mañana el tapón del expreso se extiende más allá de Montehiedra.


“No podemos seguir construyendo carreteras porque no solucionan el problema del tapón. Surge una carretera nueva y al poco tiempo está ataponada. Eso se va a repetir con la Ruta 66; ya hay urbanizaciones aprobadas en su litoral.”
Esta última observación es medular. Se construyen superautopistas supuestamente para descongestionar y agilizar el tráfico, pero parecen ser primordialmente para viabilizar nuevas urbanizaciones en sus alrededores.
“Hay que darle prioridad a la transportación colectiva sobre las carreteras. Y esa transportación colectiva debe componerse de sistemas integrados y confiables, y no pueden ser solamente de tren sino en combinación con autobús y carro público.”


Don Hermenegildo sostiene que la confiabilidad de tal sistema será de máxima importancia, ya que no funcionarán a menos que la gente sepa que estarán disponibles a cualquier hora. Hoy día después de las cinco de la tarde para fines prácticos ya no hay transportación pública en la mayor parte del país.


¿Y el Tren Urbano?, le preguntamos. Después de todo fue durante sus años como Secretario de Transportación que se comenzó a discutir y diseñar, al cual hoy (el ex-secretario de transportación y ex-candidato a la gobernación) Carlos Pesquera se refiere como si fuera idea suya.


Nos explicó Don Hermenegildo que el tren urbano se concibió originalmente en la década de 1960, cuando ya comenzaba a surgir una preocupación por el crecimiento urbano desmedido. En el Plan de Transportación y Uso de Terrenos, formulado entre 1964 y 1966.
“Fue ideado originalmente para reorganizar el área metropolitana, atender el problema del desparramo y reducir la necesidad del carro privado, pero se convirtió en otro proyecto de construcción más.”


Pero ante tanto obstáculo y adversidad, don Hermenegildo opta por el optimismo. Sostiene que en Puerto Rico sí se puede desarrollar la voluntad política para echar hacia adelante propuestas que resuelvan la debacle de la planificación.

Otras de sus propuestas son la aprobación con fuerza de ley de un Plan de Crecimiento Urbano que fije los límites de expansión de las urbes y un Plan de Protección de Reservas Agrícolas. Además, insiste en que hay que reducir el poder discrecional que tienen la JP y ARPE para otorgar permisos.



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