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A leer y releer a MAHMUD DARWISH: POETA DE LA DIGNIDAD Y RESISTENCIA PALESTINA

"Combatir en defensa del alma y la piel
es la única forma posible de ser poeta y escritor palestino”.
Mahmud Darwish

El pasado día 9 del mes de agosto se cumplieron 6 años del fallecimiento de Mahmud Darwish, considerado el poeta nacional de Palestina y uno de los más célebres literatos árabes contemporáneos. Nacido cerca de Acre en Galilea, el 13 de marzo de 1941, fallece el 9 de agosto de 2008, en Houston, Estados Unidos, en una operación de corazón abierto. Su trabajo ha sido traducido a más de 20 idiomas y recibió numerosos premios, siendo el poeta palestino más galardonado en el exterior. Escribió 21 colecciones de poemas, entre ellos Enamorado de Palestina, Los Pájaros mueren en Galilea, Menos Rosas, Once Astros, Mural y el último en el 2008, La Impresión de las Mariposas. Su fama se extendió también a Occidente, donde gozó de gran prestigio, como demuestran los diversos premios literarios obtenidos, entre ellos el premio Lotus en 1969, el Lenin, en 1983, la medalla del Caballero de las Artes y las Letras de Francia en 1997, el reconocimiento de la Fundación Lannan a la libertad cultural, en 2001, el Príncipe Claus de Holanda, en 2004.


Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir. En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia –como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas.
Entre 1961 y 1970 fue arrestado en numerosas ocasiones por las autoridades israelíes a causa de sus escritos y de su actividad política contra lo que en la práctica supone la ocupación de Palestina. Militante comunista, Darwish sufrió persecuciones que lo obligaron a abandonar su tierra. Durante 25 años Israel le denegó el permiso para regresar a su patria, viviendo ese largo exilio en Beirut, Amán, Túnez y París. La represión de este poeta ha sido también, sin duda, una respuesta a su popularidad, que permitió que uno de sus poemas “Yo soy mi nombre” se convirtió en un verdadero himno nacional entre los jóvenes quienes en los años de la Intifada (rebelión del pueblo palestino contra la ocupación israelí), a tiempo que arrojaban piedras, lanzaban poemas al ejército ocupante.
Salió del país hacia Moscú, desde donde iría a El Cairo primero y luego a Beirut. Allí ingresaría en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), trabajando en sus secciones de investigación y publicaciones. Fue miembro del comité ejecutivo de la OLP hasta su dimisión a raíz de su discrepancia con los Acuerdos de Oslo (1993). Un texto suyo se convirtió en la declaración de independencia del Estado de Palestina proclamada por Yasser Arafat en 1988, lo que le valió, junto con su obra en defensa de la libertad y de su tierra, el sobrenombre de “poeta de la Resistencia”. 
El escritor y novelista español Juan Goytisolo, Premio Nacional de las Letras Españolas en 2008, y galardonado en Ramala con el Premio Mahmud Darwish en 2011, refiriéndose a Darwish nos aclara: “La historia amarga de las últimas décadas halla en el poeta la voz del "solitario en la multitud" capaz de expresar con lucidez y con palabras precisas y bellas no sólo la barbarie del ocupante (Israel), sino también la infidelidad de quienes abandonaron el proyecto democratizador de las sociedades árabes para refugiarse en el caparazón confesional y aprovechan la derrota de su presunta "causa sagrada" para dar rienda suelta a sus ansias de poder y saldar cuentas con sus rivales. En efecto: la poesía de Darwish se dirige también a los israelíes con sentido de la justicia -que, aunque minoritarios, existen- para recordarles que el horror del Holocausto no justifica la permanente humillación a la que someten a los palestinos que viven en su propia tierra bajo un régimen de apartheid que vulnera todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y las leyes internacionales establecidas en la Carta Fundacional de aquellas, desmintiendo así la pretensión de ser el único Estado democrático de Oriente Próximo: su represión feroz de las protestas de los palestinos expoliados es, al revés, la de los dictadores árabes ya derrocados o que llevan camino de serlo”.
Hablando en su propio nombre y recreando sus propias experiencias, la estudiosa de su obra, Iris Hofman Vannus nos dice que “No son sólo la historia, las patrias y sus habitantes lo que constituyeron el foco de atención en la obra de Darwish, sino también el hombre, el amigo que perdió y la mujer, la amada que se marchó, los que forman objeto de su poesía. Aunque la Patria fue el leitmotiv de su obra, Darwish muestra una de las visiones más agudas de la creatividad poética árabe actual, ensalzando algo tan aparentemente sencillo y natural como es el amor a la vida y el goce del placer. Creó y recreó un mundo amplio, un espacio donde el dolor y el sufrimiento a causa del alejamiento o la pérdida dejan de ser personales, locales o temporales y se transforman en universales y permanentes, alcanzando el tono épico”.



La traductora María Luisa Prieto, profesora titular de Lengua y Literatura árabes en la Universidad Complutense de Madrid, a quien le debemos la mayoría de las traducciones al castellano de Darwish nos decía antes de que muriese el poeta: “Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos, acontecimientos irrepetibles que nadie quiere perderse. Para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina”.  
Muchos de los poemas de Mahmud Darwish han sido musicalizados, siendo los más notables “Rita” “Pájaros de Galilea” y “El Café de mi Madre”, los cuales se han convertido en himnos nacionales para dos generaciones de Palestinos y árabes en general, siendo el más prolífero musicalizador de la obra del poeta, el libanés Marcel Jalifa.
En cuanto a películas y documentales, Darwish aparece en 1997 en el documental titulado Mahmoud Darwish, producido por Televisión Francesa y dirigida por el director francés-israelí Simone Bitton. En 2004, dando testimonio como víctima lúcida de los conflictos de nuestro tiempo, el poeta se presenta caracterizándose “a sí mismo” en la película Notre Musique del también francés Jean-Luc Godard. En 2008, el poeta estelariza en cinco filmes del Identity of the Soul from Arts Alliance Productions, donde narra su poema “El Soldado sueña con Lirios Blancos” junto con el poema de Ibsen “Terje Vigen” siendo su actuación final, estrenada en Palestina en octubre de 2008 ante millares de palestinos y presentada en años subsiguientes en gira mundial.
Mahmud Darwish, es el poeta árabe contemporáneo más importante. Fue un poeta palestino inmenso, desacralizado, odiaba los fundamentalismos. Juan Miguel Muñoz, reportero y corresponsal del periódico "El País" de Madrid, describió magistralmente al escritor palestino como: "El poeta por excelencia desde Marruecos hasta Irak, nacido en 1941 en el pueblo palestino de Birwa, vive a caballo entre Ramala (Cisjordania) y Ammán, recita en estadios de Beirut o viaja a El Cairo. Embargado por un acendrado pesimismo, le disgusta la evolución de los países musulmanes, cada día más anclados en la religión; detesta las políticas de Estados Unidos e Israel en la región, y no atisba solución al eterno conflicto. Sólo resta un resquicio al que aferrarse. Su sueño: "Mejorar mi poesía. Escribir poesía pura".  
Por último Goytisolo nos recalca y recomienda: “Hay que leer y releer a Darwish para no perder la esperanza. Su evocación de Gaza, convertida desde 2007 en mera "entidad hostil" y bloqueada por tierra, mar y aire aun después de la devastadora Operación Plomo Fundido de diciembre de 2009, responde al apremio del momento y afecta a cuantos conocemos la miseria y frustración de los habitantes de la franja”.  
Ante décadas de horror, indignación y desventuras de su pueblo palestino, hoy, después de los cincuenta días  de bombardeos del Israel sionista y genocida contra Gaza ocurridos entre los meses de julio y agosto, como un ave fénix, cada vez más poderoso y majestuoso en su alto vuelo, Darwish resurge de las cenizas de la terrible e incesante tragedia palestina, dando voz a los despojados de su tierra, pidiendo justicia a la conciencia de los hombres. Darwish fue enterrado como todo un héroe nacional en la ciudad cisjordana de Ramala, donde residió desde 1995. Solía repetir una frase: "hace años que mi nación es solo lenguaje". Curiosamente, es un concepto que fácilmente podría aplicarse a los dos mil años previos de historia del pueblo hebreo. Paradójico, y no por ello menos triste.

TRES POEMAS DE MAHMUD DARWISH

PARA NUESTRA PATRIA
Para nuestra patria,
próxima a la palabra divina,
un techo de nubes.
Para nuestra patria,
lejana de las cualidades del nombre,
un mapa de ausencia.
Para nuestra patria,
pequeña cual grano de sésamo,
un horizonte celeste... y un abismo oculto.
Para nuestra patria,
pobre cual ala de perdiz, libros sagrados...
y una herida en la identidad.
Para nuestra patria,
con colinas cercadas y desgarradas,
las emboscadas del nuevo pasado.
Para nuestra patria cautiva,
la libertad de morir consumida de amor.
Piedra preciosa en su noche sangrienta,
nuestra patria resplandece a lo lejos
e ilumina su entorno...
Pero nosotros en ella
nos ahogamos sin cesar.

NOSOTROS AMAMOS LA VIDA
Nosotros amamos la vida cuando hallamos
un camino hacia ella,
bailamos entre dos mártires
y erigimos entre ellos
un alminar de violetas o una palmera.

Nosotros amamos la vida cuando hallamos
un camino hacia ella.
Robamos un hilo al gusano de seda
para construir nuestro cielo
y concluir este éxodo.
Abrimos la puerta del jardín
para que el jazmín
salga a las calles cual hermosa mañana.

Nosotros amamos la vida cuando hallamos
un camino hacia ella.
Allá donde estemos,
cultivamos plantas que crecen deprisa
y recogemos mártires.
Soplamos en la flauta el color de la lejanía,
dibujamos un relincho en el polvo del camino
y escribimos nuestros nombres
piedra tras piedra.
¡Oh, relámpago!
Ilumina para nosotros la noche,
ilumínala un poco.
Nosotros amamos la vida cuando hallamos
un camino hacia ella.

LA TIERRA SE ESTRECHA PARA NOSOTROS
La tierra se estrecha para nosotros.
Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos
de nuestros miembros para pasar.
La tierra nos exprime.
¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer!
¡Ah, si fuera nuestra madre
para apiadarse de nosotros!
¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas
que nuestro sueño portara cual espejos!
Hemos visto los rostros de los que matará
el último de nosotros en la última defensa del alma.
Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos.
Y hemos visto los rostros de los que arrojarán
a nuestros hijos por las ventanas de este último espacio.
Espejos que pulirá nuestra estrella.
¿Adónde carne.
Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje.
Aquí o ahí... nuestra sangre e iremos después de las últimas fronteras?
¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo?
¿Dónde dormirán las plantas después del último aire?
Escribiremos nuestros nombres
con vapor teñido de carmesí, 
¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo? 
¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? 
Escribiremos nuestros nombres
con vapor teñido de carmesí, 
...cortaremos la mano al canto
para que lo complete nuestra carne.
Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje.
Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje.
Aquí o ahí... nuestra sangre plantará sus olivos.



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