NUESTRA CULTURA
Search

Estudios kairológicos grecorromanos

Por: CARLOS ROJAS OSORIO


La experiencia del momento oportuno (kairós) se relaciona con experiencias cotidianas como el momento adecuado de la siembra y la cosecha en el mundo de la agricultura, tal como lo narra Hesíodo y como aparece en el simbolismo órfico; se relaciona también con la destreza de guiar una nave por el tumultuoso mar como nos dice Platón. Es decir, se trata de experiencias prácticas que cualquiera puede comprender.  Pero como todo tiene su momento, su oportunidad feliz, entonces la literatura que recoge esas experiencias, aunque por lo general fragmentarias,  es muy rica y variada en espacio y tiempo. Rubén Soto ha estudiado en otros libros suyos autores griegos como Arcesilao, Parménides y Plotino; autores españoles como Quevedo y Gracián, y en este nuevo libro nos ilustra sobre otros autores griegos y romanos. Su rica experiencia en la temática kairológica nos conduce con mano maestra por un laberinto de textos que teje con ingenio y novedad.


André Dacier, en comentario al “Sueño de Escipión”, de Cicerón y Macrobio, nos dice que “los pitagóricos llamaban a la primera causa o Principio Oportunidad; y el propio Maestro hizo un precepto de la Oportunidad”. Soto se detiene primeramente con Dacier, un helenista francés del siglo XVIII, quien afirma que el precepto pitagórico que se relaciona con la oportunidad emerge en el ámbito de la agricultura y, en específico, en lo relacionado con los calendarios agrícolas de los caldeos, y de los cuales se beneficiaron incluso los griegos como lo muestra con toda claridad el caso de Hesíodo.  Dacier entendió bien que la idea según la cual “la medida es lo mejor” incluye “el precepto de la observancia del kairós”.  (p. 29)  En los Versos dorados de Pitágoras, se lee: “En la bebida, el alimento y la gimnasia, que la medida sea observada”. Un comentarista antiguo de los Versos dorados, Hierocles, nos dice que aun en el uso de los alimentos es “necesario fijar la justa medida”, y agrega que la justa medida, la da la razón. La razón debe elegir de tal modo que prevalezcan las operaciones del espíritu. La razón se preocupa del cuerpo, en cuanto debe servir al alma. Soto nos dice con razón que estos preceptos pueden fundamentarse en un significativo pasaje de Aristóteles en el cual se afirma que el bien en la categoría del tiempo es la ocasión. Y habla de una ciencia de la ocasión  que se aplicaría a la estrategia en la guerra, y a la medicina como “medida” en la alimentación. “La kairología sería ese saber de todas las cosas subsumidas bajo la Idea, o Eidos, de Kairós, una episteme de todos los bienes”. (: 32)


Proclo también comentó los Versos dorados de Pitágoras y añade, en palabras de Soto, que “la justa medida, por parte de la razón, debe ajustarse a cada caso en particular”. (: 32) El justo medio es un dictado “razonable” (eulogikos) pues su rasgo es “esencialmente situacional acomodaticio” (: 33) La gimnasia está al servicio del sano entendimiento: “La catarsis pitagórica incluye la purificación del cuerpo, con el fin de gozar de una óptima salud”. (: 33) La dieta adecuada no puede ser la misma para el joven que para el anciano, para el sano que para el enfermo, para el “que se inicia en la filosofía que para el que ha llegado a su cumbre”. Como bien comenta Soto, se trata de una “kairosofía médica”, la cual ya está presente en Hipócrates. Pues, como ha señalado Michel Foucault, comentando la ética griega, el cuidado de sí mismo implica también el cuidado del cuerpo. Resulta obvio que, para Proclo, hay una asociación entre “la moderación pitagórica con el tiempo oportuno”. (: 36) Ahora bien, la afirmación kairológica principal de Proclo es la denominación del Primer Principio como Kairós. Tema sobre el cual R. Soto ya había investigado (: 2001).


La moderación es necesaria para que todas las cosas lleguen a la perfección. Pero, además, Proclo afirma que la perfección que es “dada a todos los entes es el kairós” (: 37) De hecho, la moderación “queda subsumida en la observancia del kairós”.  (: 37)  El siguiente verso dorado de Pitágoras resume bien lo que significa la medida:  “Por justa medida entiendo aquello que nunca te apenará.


Clemente de Alejandría cita a Anaxarco, afirmando que la mucha erudición también puede hacer daño:  “Es necesario conocer las reglas del momento, porque ésa es la definición de la sabiduría. Sin embargo, cuantos cacarean un discurso a destiempo, aunque de alguna manera lo proclamaron sensato, no son tenidos por sabios, sino como necios”. Es interesante anotar entre paréntesis que nuestro Eugenio María de Hostos también muestra la necesidad de la adecuación del discurso al momento justo: “Habla a tiempo. La palabra oportuna es una potencia; pero no la prodigues, perderá su fuerza, y de enérgico te harás débil.


El camino hacia la verdad requiere de una metanoia o transformación moral. El filósofo, instruido en la verdad requiere de esta metanoia. El momento justo, kairós, debe ir acompañado  de la metanoia. Soto saca una significativa conclusión del análisis de la metanoia. “Quien deja pasar la oportunidad se arrepiente de su negligencia”.  (42)


La justa medida aplica también a los bienes económicos. El verso XXXV a XXVIII de Pitágoras afirma: No seas avaro tampoco; en todas las cosas, guarda la medida.  No gastes inoportunamente, como aquel que ignora la decencia y la medida de lo adecuado. (cit., 44) Soto concluye: “Lo económico se asocia principalmente con lo cuantitativo, pero el kairós, es, según Aristóteles, el bien en el tiempo, es decir, lo cualitativo en lo cuantitativo”. (45) La liberalidad, comenta Hierocles, es la virtud que regula el dar y el tomar;  sabe encontrar, tanto en los ingresos como en los gastos, la conducta adecuada y que dispone de todos los bienes exteriores con arreglo a la recta razón”.  Y Soto nos lleva  a la conclusión:  “La recta razón es la prudencia, centrada en dar en el blanco del término medio, o justa medida, entre  extremos del exceso y del defecto, lo cual subdetermina, a su vez, sofrónicamente la prudencia, observante del kairós de cada cosa”.  (47-48)


H. Stephanus, en su Thesaurus Grecae Linguae, parece pensar que “el vocablo kairós era principalmente de cuño órfico.” (53) Pausanias nos dice que Ión de Quíos compuso un himno al Kairós. Y afirma que Kairós era el hijo menor de Zeus; Pausanias también asevera que, a la entrada del estadio olímpico, había un altar dedicado a Kairós. El simbolismo órfico incluye también antiguos rituales agrícolas y mágico-religiosos. Afrodita es caracterizada como “el tiempo en el cual es apropiado sembrar; tempus quo seminare oportet. (: 58) Soto anota que, según Eustacio, mítos, o mítoma: “urdimbre”, era sinónimo de kaîros, “el hilo de la trama del tejido”. (: 58)  Luego, agrega: “Atenea era la diosa patrona de los (las) tejedores; por lo cual preside el kairós”. (: 59)  Como mítos- kaîros-kairós significa semilla, entonces “Atenea se enseñorea también del tiempo oportuno de cuándo es necesario sembrar”.  (59)  Soto sostiene que el “orfismo fue una vertiente del pitagorismo”. (: 60)


Continuando con el tiempo oportuno para sembrar, nos dice Hesíodo: Siembra desnudo, ara desnudo y siega desnudo cuando a cada cosa le llegue su momento. Para amoldarse a la circunstancias de la vida agrícola, es necesario el uso de una kairosofía. Siguiendo en este mundo natural, Atenágoras nos dice que Zeus “era la ocasión que cambia el tiempo en buena temperatura [...] y que por eso escapó a Crono”. De lo cual concluye Soto que “Kairós era Zeus”. (64) Zeus es, pues, responsable del giro del tiempo. Sabemos que kairós, en la reinterpretación órfica, es hijo de Zeus. Atenágoras agrega que Krónos es el tiempo que corta (lat., tempus, gr. témnein: “cortar”), mientras que kairós es el giro, o vuelta, del tiempo. San Agustín señala que, en la mitología, Saturno manda en toda simiente. Soto concluye: “Krónos es el dios de las simientes, y Afrodita el tiempo oportuno cuando es necesario sembrar. Pero, desde antiguo, Krónos se ha identificado con Crónos, tempus. Luego, Krónos sería el tiempo de sembrar las semillas, el tiempo oportuno cuando es necesario sembrar las simientes, estación de la sementera, en fin, Kairós”. (: 66) Krónos también sería Kairós. Per según Proclo, para los pitagóricos, el Primer Dios es Kairós. Hemos pasado, pues, del Krónos órfico, a quien se caracteriza como Kairós, al concepto pitagórico de que el Primer Dios (Kronos) es efectivamente Kairós.


“El kairós eulógico de Aristóteles” es un capítulo que nos trae tres textos kairológicos del filósofo. Soto cita una paráfrasis del texto del estagirita hecha por Heliodoro: “Pues la ocasión es el tiempo conveniente de cada uno”. (citado, p. 72) Para Aristóteles, así como lo ente se dice en muchos sentidos, asimismo el bien. El bien se toma en tantos sentidos como el ente, puesto que se predica de la sustancia, como Dios y la inteligencia; y de la cualidad, como en las virtudes; y de la cantidad como en la medida; y de la relación como lo útil; y del tiempo como la ocasión. (Et. Nic., 1096ª23-32)


En otro texto kairológico de Aristóteles, recalca que en la conducta práctica no se puede exigir lo mismo que en la filosofía y en la ciencia, es decir, la exactitud; ni tampoco una norma técnica que cobije a todos. De acuerdo con Aristóteles: Es menester que quienes han de actuar atiendan siempre a la oportunidad del momento, como se hace en la medicina y el pilotaje (Et. Nic.,1103b32)  


Soto nos recuerda que este pensamiento kairológico está también en el maestro de Aristóteles. Que la divinidad es todo, y junto con la divinidad, el azar y la oportunidad gobiernan los asuntos humanos en su totalidad. De hecho, Platón alude también a la necesidad de la oportunidad en el arte del piloto. Arcesilao y Aristón de Quíos privilegian la conducta práctica y definen el bien como kairós: “El sabio de Pitane enseña que lo más propio de la filosofía es conocer el kairós de cada cosa”. (: 76) Arcesilao se refiere también al kairós como la medición, y se refiere al arte del piloto. Para Aristóteles, la razón determina las circunstancias apropiadas al bien debido y, entre  ellas, está “el tiempo oportuno e inoportuno”.  (Et. Nic., 1104b19-25) La virtud requiere, pues, de lo debido y de la justa oportunidad. Como comenta Soto: “La justicia y las demás virtudes quedan subsumidas bajo lo debido y lo oportuno”. (78)  En Lo justo (375ª), un diálogo apócrifo de Platón, se lee: “Anónimo: A mí, pues, me parece que cada una de estas cosas, cuando se hace como se debe y a su debido tiempo, es justa, y cuando no se hace como se debe, es injusta.   


En los Tópicos, Aristóteles hace otra importante referencia al bien y la ocasión: “A veces lo bueno es cuando, v. gr. lo que se da en el momento oportuno. Muchas veces es el cuanto v. g., en el caso de lo ajustado a medida, pues también se llama bueno lo ajustado a la medida”. Para Soto, aquí hay una “definición del kairós como el bien en el tiempo”. (: 79) Asimismo, el bien en sí del que habla Platón  “se da en su kairós”. (: 79) Soto concluye que también el intelecto divino del que habla Aristóteles está kairomorfoseado.  Proclo afirma que el Primer Dios es Kairós. Pero interesa más bien la argumentación que conduce a Soto a la afirmación de que también el Dios aristotélico es Kairós. Soto sostiene que “los pitagóricos que redenominaban al primer Dios Kairós se basaban en un pasaje aristotélico de los Analytica prima (1.36 48b35)”. (: 81) Pasaremos, pues, a analizar este texto de los Analíticos. El problema está aquí en la traducción. Soto cita varias traducciones. La traducción castellana de Candel Sanmartín dice: Aún, que la ocasión no es el tiempo oportuno, pues la ocasión es para Dios, en cambio el tiempo oportuno no, pues nada es provechoso para Dios. Soto difiere al decirnos que “tiempo oportuno (jronos déon) no tiene un único significado.”  Más bien hay implicados dos significados: 1) tiempo que ata, y 2) tiempo indigente, además del de tiempo oportuno. El traductor al inglés R. Smith optó por tiempo indigente (“time needed”). A la luz del texto y comenatrio de Smith, Soto traduce: “Otra vez: La Oportunidad, mas no el tiempo indigente, porque Dios no necesita de nada útil. En efecto, oportunidad, Tiempo indigente, Dios deben ponerse como términos y la proposición debe entenderse en caso nominativo”. (: 86)  Soto, con los datos anteriores, arma un silogismo Felapton: Si ninguna oportunidad es el tiempo, y si la oportunidad es dios, entonces algún dios no es el tiempo indigente. (: 86-87)  Soto pasa de la significación múltiple de lo ente y del bien a la del Kairós: “El tiempo encadenante, o que ata, es el giro del kairós”. (: 88) Así, pretende declarar que Aristóteles pensaba en la teología órfica, cuando redactaba ese pasaje de los Primeros Analíticos.
De acuerdo con Cicerón, Zeus encadena a Cronos, o Saturno: “para que no tuviera cursos inmoderados y para atarlo con los vínculos de las estrellas”. Júpiter somete el Tiempo a estrictas medidas cósmicas. Pero medida es el sentido principal de kairós, u “ocasión” griega. También, para mantenernos en las metáforas agrícolas, “ocasión” implica la occatio y la consiguiente satio, o “siembra”, “plantación”, “sazón”, “sementera”, “campo sembrado”.


Soto relaciona el “portón del instante”, del que habla Nietzsche en Así habló Zaratustra, con un texto de Porfirio que dice así: “Los pitagoricos consideraban las Puertas como símbolos del Dios Principio de todas las cosas”. (: 92)  Pero según Proclo, el Primer Dios era kairós. Así, pues: “algunos pitagóricos habían podido simbolizar a kairós a través de la imagen de la puerta”. (: 92)


Como se ha visto, para ciertos pitagóricos, Kairós era el Primer Dios y la Primera Causa. Soto indaga acerca de la evidencia pitagórica para esa aserción. La temporalidad tempestiva quedó personificada tanto en el Kairós como en las Horas. Acmón es el progenitor de Uranos. Eustacio, habiendo aducido esto, menciona inmediatamente el concepto de kairia: “circunstancias favorables”, “oportunidad”, “partes vitales del cuerpo”. Soto, tan afecto del silogismo, resume deductivamente: Si Uranos es Acmón, y si el Primer Rey de los dioses es Uranos, entonces el Primer Rey de los dioses es Acmón. Y si Acmón es Kairós, y si el Primer Rey de los Dioses es Acmón, entonces el Primer Rey de los Dioses es Kairós. (: 115) Según Porfirio: “El tiempo camina a través de los instantes (kairon).” (122) Para Porfirio, Dionisos causa la danza circular de los planetas y, por ello, hace crecer los frutos. El sol que gira alrededor de las estaciones se le denomina Horus. El Tiempo (Jrónos) es danza (joreúo): “la duración del baile en corro del Tiempo cósmico constituye el Aión o Aeternitas. Pero el axis chorse es kairos”. (: 124) Acmón se asocia con Kairós porque Akmón se deriva de akmé. (126) Akmé sería sinónimo de kairós. Soto nos dice que esa etimología es falsa, pero significativa para la teología de Numenio y Porfirio.


Kairós es el hijo más joven de Zeus y su madre parece ser Tujé. Porfirio también pensó en lo Uno, Mónada asociada con la Eternidad (Aión), y la Díada la denomina Natura. La Díada, o Natura, parece ser la esposa de Cronos. Por lo cual Cronos sería otra denominación para lo Uno. El principio de Todo es el Tiempo (Orfeo), y Kairós es también Primer Principio.  Plutarco escribe: “El ser divino siendo único llena la sucesión del tiempo en un único presente”.  (cit: 155). El ser divino es lo único que existe de este modo. El primer nombre de Dios es el Instante Eterno (Nunc Stans), como en el poema ontológico de Parménides.  


Para Porfirio, el no-ser es la materia. La materia es alteridad, lo otro que el Ser. La Ocasión sería la Segunda Hipóstasis, o Inteligencia: “Semejantemente la madre de Kairós, según Porfirio, es un correlato de lo que Plotino denomina primera Alteridad, Audacia,  Díada Indefinida, Apostasía,  o realización de lo debido u oportuno.” (: 162)  La madre de Kairós sería, según Porfirio, Tujé, o Fortuna.  Para los antiguos, el número  Siete estaba asociado con la Fortuna, como el bizantino Juan L. F. Lido también afirma que los antiguos “asignaron la ocasión a la Fortuna, porque la ocasión, en los asuntos, y la destreza, de cada uno, para dar en el blanco (son) el fundamento”. (cit.: 163) Para Porfirio: “si hay kairós, habrá Tijé, pero no siempre que haya Tijé, habrá kairós”. (: 163)


Anaximandro pone todas las cosas bajo el orden del tiempo. Soto escribe que el tiempo de Anaximandro: “se torna en eternidad transtemporal”. (: 180)  El apócrifo Plutarco nos habla del “movimiento cíclico de su eternidad infinita”. (aion apeiros [: 180]) Lo infinito sería un atributo del Aión, -comenta  Soto.


Platón definió en forma provisional el tiempo como imagen móvil de la eternidad (Timeo) Pero Soto nos asegura que Platón siguió buscando una mejor definición del tiempo; de lo cual hay algunos indicios, pero, sobre todo, una interpretación que ofrece aquel filósofo bizantino. Ya he citado el pensamiento platónico según el cual la divinidad lo gobierna todos los asuntos humanos, junto con el azar y la oportunidad.  De acuerdo con Soto, es Lido, quien nos dice cuál es la verdadera concepción platónica del tiempo.  A Lido, se le atribuye afirmar: “el tiempo es el extasis indefinido de la eternidad”.  (cit. : 189) Lido mismo afirma que “la Eternidad Indefinida es cierta revolución de los cuerpos celestes, o la completa revolución del cielo mismo; el Tiempo es el Extasis (desplazamiento) Indefinido de la eternidad. De este modo, también se dice que Krónos es hijo de Uranos. Pues el Tiempo sale de las revoluciones del Cielo, de modo que [el] Kairós es el Paradigma del Tiempo, y no el Tiempo mismo”. (: 190)  Soto relaciona el texto de Lido con el de Aristóteles en el cual éste afirma que el fin del cielo entero, y el límite o fin que contiene todo el tiempo y la infinitud, es la eternidad (aión), nombre derivado del ser siempre (aéi on); eternidad inmortal divina.


La etimología de aión como aéi on, la atribuye, Varrón, al estoico Crisipo. Soto tiende un puente entre Lido y Heidegger, pues también para éste último el tiempo es éxtasis: “La esencia extática del Dasein está pensada desde el cuidado, así como, a la inversa, el cuidado sólo es experimentado suficientemente en su esencia extática. El estar fuera como soporte, así experimentado, es la esencia de lo que hay que pensar aquí como éxtasis”.  Max Müller, explicando a Heidegger, nos dice que el Ser en cuanto Tiempo se da en el Ahora. La libertad es histórica, no intemporal. Por eso, el Ahora como plenitud de los tiempos se da en cada ahora, y la eternidad irrumpe en el Ahora. Ese Ahora es un Kairós.   


¿Qué significa que “el kairós sea el paradigma del tiempo y no el tiempo mismo”? El Kairós sería Eternidad. El paradigma por excelencia para Platón es el Bien, pero puesto que Kairós es también paradigma (del tiempo), es, por tanto, un bien. El paradigma del tiempo en el Timeo sería Kairos en cuando “paradigma inteligible de una imagen sensible del tiempo”. (: 199): “Si el paradigma del Tiempo es Aión, y si kairós es el Paradigma del Tiempo, entonces kairós es Aión”. (: 199)  En la Mónada neopitagórica, se da a la vez el tiempo y la eternidad: “La mónada era tanto Aión como tiempo”. Pues la mónada era considerada Eternidad (Aión) y la Díada era la consorte de Saturno, Cronos o Tiempo. (: 199) Kairós es un paradigma inteligible de la imagen sensible del Tiempo.


Hay un “risueño kairós gnóstico judío”. Menandro nos dice que “entre los mortales la risa intempestiva es un mal terrible”. Y Soto agrega que la risa a tiempo es un bien. Afirma también, Menandro, que “la risa  oportuna causa alegría”.  (: 205) De lo cual Soto deduce que “la risa oportuna causa alegría”. (: 205) Soto nos recuerda que, para Arcesilao, la filosofía es el conocimiento de la ocasión propicia de cada cosa, y que la risa era para él muy importante. Menandro también nos dice “Hombre soy y pienso que nada humano me es ajeno”. Y en otro aforismo agrega: “Ninguna ocasión enajena lo propio de la Naturaleza”.  Nietzche trae también la risa de Zaratustra, en su “Visión del enigma”. Tanto este texto como el de la Gaya scienza remiten al instante y al eterno retorno. En el Portón, en el que está escrito “Instante”, convergen las dos eternidades. Cuando el pastor escupe la cabeza de la serpiente, se siente iluminado y ríe como jamás hombre alguno había reído. La del pastor fue una risa iluminada y liberadora.


En un libro sobre Moisés, “La Mónada”, se nos informa que de la risa del Dios nacieron siete dioses. El séptimo, –número pitagórico (Aristóteles, Met., 985b)-, es Kairós: “Se ríe por segunda vez y todo fue agua”. En el poema del Papiro XXII, Kairós surge de una alegre risa.  (: 226)


También, San Pablo denomina a Jesucristo kairós. Kairós aparece como un dios del tiempo. “Y todo te estará sometido, lo pasado y lo porvenir; en ti se hallará la fuerza”. Asimismo, afirma que kairós es el dios de las estaciones. El Dios que mide el tiempo. “Kairos era tan cosmocrator como helios”. (244).


Kairós también se relaciona con Hermes; se trata, ‘de acuerdo con algunos expertos-, de dos figuras correspondientes. Kairós era una apoteosis de algún atributo del Hermes psicopompo. (: 252)  Un judío helenizado que vivió en Egipto parece haber sido el autor del  Papiro XIII: “La  apoteosis del kairós a rango de Dios supremo parece haber  sido un pensamiento propio de un judío helenizado”. (: 254) También en Filón de Alejandría, hay una deificación del Kairós. En este otro judío helenizante, Kairós aparece como ministro de Dios.  


Cicerón narra que, en los campos de Tarquinia, mientras se labraba la tierra, se abrió un surco muy profundo y, de ahí, salió Tages con figura de niño y sabiduría de anciano. Soto comenta que esta aparición “como joven y viejo a la vez puede asociarse de cierto modo con la figura mitológica de Aión”. (: 275) Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías,  agrega que Tages después de surgir de la tierra, “dictó la ciencia aruspicial” y luego murió. Agrega además que los romanos tradujeron esos libros del etrusco al latín.  Ovidio, en sus Metamorfosis, asevera no sólo que Tages surgió de lo hondo del surco, sino que “fueron los terrones de tierra (“gleba”) los metamorfoseados en figura de niño”. (: 279) Tages se figura como hijo de Hércules y Minerva (Heracles y de Atenea). El campesino que araba la tierra, cuando surgió Tages, se llamaba Tarcón, fundador de Tarquinia: “Al arar delimitaba fundacionalmente los límites de la ciudad de Etruria”.  (: 284) Soto halla una analogía entre Tages y Occator: “La hierofanía de Tages corresponde a la occatio, después de la arada y antes de la siempre. Por tanto, Tages aparece bajo los auspicios de Occator. [...] El primitivo dios agrícola latino Occator debe comportar alguna correspondencia con Tages”. (: 286) Occator es un dios agrícola romano. Para Cicerón, occatio se asocia con occaeco y semen. Occator se asocia también con Nox: Noche: “Hay una oculta correspondencia entre Occator y Saturno (Kronos): “Saturno pertenece a las semillas, que vuelven de nuevo a la tierra de que nacen”, -según explica San Agustín. Kronos es también el tiempo que necesitan las semillas para ser fecundadas. Las semillas están bajo la tutela de Saturno. Krónos se asocia también con “saturación, plenitud”: “En este aspecto, Saturno, propiamente se denominaría sator, un nombre de otro Dios agrícola romano, quien ocasiona la sazón de los frutos”. (: 297) Saturno / Kronos, como duración del tiempo, se subsume bajo Aión / aevum. Cronos se representa encanecido, para manifestar que el tiempo envejece. Saturno / Kronos se asocia a Aevum / eternidad: “Saturno debe interpretarse como la tierra. ya que ésta devora lo que ha producido, cuando las semillas retornan para ser recibidas de nuevo en su seno”. (: 300) Saturno, pues, se puede considerar como Occator: “La occatio, o el rastrillaje de la gleba, cubre la semilla para, por así decirlo, devorarla”. (: 301)  “Kronos, al devorar la gleba, hace la occatio en beneficio de la semilla, de la cual es su protector”. (: 301)


Atenea es otro nombre de Kairós. Kronos-Saturno se metamorfosea en Afrodita, pues ambas son diosas de la sementera: “La occatio de Occator corresponde con el kairós de la sementera de Afrodita. Occator se metamorfosea en el concepto, en la occatio agri, es decir, el kairós de la sementera”. (: 316): “Kairós como Sartor sería Sastre y en este sentido sería un Recuperador del tiempo”. (: 316)


Para Menandro, el amor es una “prueba para el alma”.  Al parecer, Eros es el dios que causa esta prueba. Soto cita otra traducción del mismo pasaje en que se afirma que “esta enfermedad es una crisis del alma. El que es alcanzado lleva una herida interna”.  (: 352) Una crisis del alma no es otra cosa que una auténtica prueba por la que tiene que pasar. Kairós se nos presenta, pues, como crisis y prueba; a esto se refiere la enfermedad del alma. Soto concluye que el causante de la enfermedad del alma puede ser Kairós. “El tópico del amor como una enfermedad implica una larga historia en el pensamiento occidental. Sin embargo, lo que no es tan conocido es la vinculación temática del amor-enfermedad con la noción de oportunidad, o tiempo tempestivo. En griego antiguo la  asociación estaba a flor de boca, porque el plural neutro del adjetivo kaírios, a saber, kaíria, significaba no sólo las circunstancias favorables, u oportunidad, sino además las partes vitales del cuerpo (en que son mortales las heridas)”. (: 355)


Para concluir su libro, Soto comenta un poema de amor de Cayo Valerio Catulo.  En su comentario, asocia a Kairós y Akmé. Akmé es nombre griego que alude a la flor de la vida. Akmé significa: 1, “filo, extremidad, corte”. 2. “flor, vigor, agudeza, madurez”, 3. “ocasión, oportuno, tiempo justo, momento decisivo, crisis”. Por tanto: “Akmé es en griego sinónimo de de kairós”.  (: 334): “Catulo nombra sub specie occasionis al amante de Akmé”. (: 335) Para el apócrifo Platón de las Definiciones (414): “Oportunidad: tiempo propio para lo conveniente; tiempo colaborador del bien”. Aduce Soto que: “El poema 45 de Catulo puede  entenderse  como otra exfrasis referida al propio dios Cupido, o a una estatua suya, a la que la imaginación de los dos amantes presta vida por un momento”. (: 342) Oculta presencia de kairós en el Poema 45 de Catulo.   


La ética resalta en estos estudios kairológico de Rubén Soto. La virtud de la prudencia se ve aureolada con una nueva luz al verse asociada con el kairós. Y viceversa, el kairós mismo queda mejor caracterizado al asociarse directamente con la prudencia.  Hay un momento oportuno para hacer el bien, aprendemos esto de la ética aristotélica. Si la virtud es el justo medio entre dos extremos viciosos, esto significa que la virtud es una cierta medida, y, ahí, está también, el kairós, en su versión pitagórica. Asimismo,  la ética no es el ámbito de lo científico racional, sino de lo prudencial, o razobale (eulogikos). Soto declara que:  “Sin duda ninguna, la razón es necesariamente inteligencia, pero la inteligencia no es exclusivamente la razón, sino que abarca otros ámbitos del pensamiento humano, como por ejemplo, lo razonable, el buen gusto, el goce  estético”.  (: 259)


Esta ética kairológica, -como señalé al comienzo-, está relacionada con experiencias de ciertas prácticas cotidianas de los seres humanos en su entorno natural, como el tiempo oportuno para la siembra y la cosecha, como se manifiesta en los mitos relacionados con Saturno y Tages, tan bien explicados por Soto. Experiencias también relacionadas con el amor, como aparece en los mitos de Cupido y el Poema 45 de Catulo.


Más compleja es la red textual relacionada con la mitología de la genealogía de los dioses. Es así porque, al parecer, Kairós luce estar asociado con casi todos los dioses. En efecto, Kairós es Zeus, pero también hijo de Zeus. Kairós es Krónos (tiempo), pero también Eternidad como Zeus. Kairós es Atenea pero también Eros. Kairós es hijo de Zeus, pero su madre no es Hera, la esposa del dios supremo, sino Tujé. Dionisos es Kairós. A mi modo de ver, se puede concluir que la mitología griega y romana, al pensar la divinidad, le atribuyeron un carácter kairótico, lo cual se hace presente míticamente al hacer aparecer a kairós asociado con los distintos dioses. En el monoteísmo, kairós y eternidad pasan a ser atributos de Dios, así aparece en Filón de Alejandría, y en el cristiano bizantino Lido. También, los filósofos teístas caracterizan al Dios por la eternidad y el kairós. Así aparece en el Bien platónico, en lo Uno plotiniano, en la Inteligencia Divina de Aristóteles, y en la importante definición que trae Plutarco de la eternidad como Nunc Stans, atributo que sólo Dios posee según él mismo aclara. La unidad de kairós (momento oportuno, por tanto, tiempo), y aevum (eternidad) parece ser paradójica, pero bien puede caracterizarse con la expresión de Nicolás de Cusa, según la cual en Dios se da la coincidentia oppositorum.

Ética, mitología, teología son, pues, tres áreas del saber humano que los estudios kairológicos greco-romanos reciben nueva luz bajo la sutil mirada exegética de Rubén Soto, y de la cual, nosotros, estudiosos de las Humanidades, podemos aprovechar amplia y profundamente.



nanomag

Cultura Común es un centro de difusión, divulgación y debate sobre los asuntos que son comunes. Porque la diferencia, la diversidad, la divergencia y la disidencia nos es común. Desde este espacio se ofrecerá una nueva perspectiva sobre la manifestación cultural puertorriqueña, sus actores, sus protagonistas, y su público. Envianos tu colaboración a info@culturacomun.com


0 thoughts on “Estudios kairológicos grecorromanos