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De Culebra, Marines e imperialismo

POR: MIGUEL A. SANTIAGO RÍOS




El periodo iniciado por las intervenciones e invasiones estadounidenses a países latinoamericanos tales como Puerto Rico, Cuba, México, República Dominicana, Haití y Nicaragua, abrió camino a la imposición de bases militares estadounidenses en Latinoamérica. Los Estados Unidos enfrentarán como secuela la necesidad de afinar sus instrumentos militares de política exterior.


Estos serán los requerimientos del imperialismo de los Estados Unidos en América Latina. Temprano en el siglo XX, el énfasis estará puesto en el desarrollo de las fuerzas navales y la infantería de marina, los llamados Marines, elementos vitales en la estrategia imperialista con miras a la sujeción colonial y neo-colonial de otros países.


Para 1915, cada acorazado y cada crucero de gran tamaño en la flota estadounidense llevaba una compañía de unos setenta Marines, y los cruceros más pequeños y cañoneras, de dieciocho a treinta Marines. Y aunque eran virtualmente fuerzas de infantería, se entrenaban para manejar las armas secundarias de su barco, con su entrenamiento principal en tácticas de infantería. Su presencia en la flota era considerada en términos generales como necesaria para tomar y controlar cualquier punto de valor para los Estados Unidos. Un ejemplo de su importancia para la flota lo fue la captura de Veracruz, México.


La Flota del Atlántico con veintiún acorazados, tenía un regimiento de infantería con diez compañías de aproximadamente ciento cuarenta hombres, constantemente listo para tareas de asalto y ocupación en países extranjeros. Los Marines llevaban consigo equipo de campo completo, listo para usar dondequiera que tuviesen que desembarcar. Sin embargo, no estaban bien equipados con medios de transporte para operar a gran distancia de su base de operaciones.


A medida que las intervenciones militares estadounidenses se hicieron más frecuentes en América Latina y el Caribe, también se fueron complicando más, lo que requirió que los Marines, además de contar con rifles y ametralladoras, tuvieran que echar mano a piezas móviles de artillería. Esto por la resistencia cada vez más frecuente que encontraban en sus desembarcos y como fuerza de ocupación. Y es que las fuerzas revolucionarias latinoamericanas comenzaron a responder con artillería propia, como fue el caso de la Provincia de Oriente, Cuba en 1912. En esa ocasión los Marines llevaron la pieza de artillería Mark VII con 288 tiros, tipo usado con éxito en Nicaragua en agosto de  1912 contra el General Zeledón en la toma de La Barranca y Coyotepe, y en México en 1914.


El uso de este tipo de armamento a medida que avanza el siglo XX y según aumenta la resistencia a las intervenciones militares estadounidenses en América Latina, requerirá cada vez un mejor y mayor entrenamiento de las fuerzas de asalto. En ese aspecto, Puerto Rico será el país latinoamericano que llenará las necesidades de experimentación, entrenamiento y de proyección de fuerza hacia sus vecinos por parte del brazo militar de la política exterior de los Estados Unidos. Así de cara a las intervenciones estadounidenses en México, dos compañías de Marines, participarán en los Advance Bases Exercises conducidos en Culebra, Puerto Rico, durante el invierno de 1914. Estos ejercicios demostraron la incuestionable necesidad de organizarse en batallones de artillería. Pero además de servir para entrenar las unidades de Marines en el uso de artillería para tareas de asalto y control costero, también sirvió para probar un nuevo diseño de arnés ajustable para animales de arrastre de artillería. Este arnés estaba pensado para usarse en animales “nativos” como mulas, caballos y bueyes, reduciendo así el impacto logístico de tener que embarcar, mantener y desembarcar animales para remolcar las piezas de artillería. Los resultados del uso de ese arnés con bueyes en Culebra no fueron muy alentadores, tampoco con caballos. Solo su uso en mulas resultó satisfactorio tras rediseñar el arnés. Todo esto se probó en Culebra.


En 1915, la Escuela de Artillería de los Marines en Annapolis, Maryland, experimentaba con el transporte de artillería usando tractores de motor. Mientras tanto se siguió dependiendo de animales de arrastre y del entrenamiento para su uso por los Marines en Culebra, Puerto Rico. Las fuerzas de los Estados Unidos seguirán ganando experiencia por medio de las intervenciones militares mismas y por las maniobras y ejercicios realizados en el medio tropical de Culebra. Lugar que proveía condiciones similares o iguales, a las que encontrarían las fuerzas estadounidenses en gran parte de Centroamérica y el Caribe.

El papel de Culebra como teatro de preparación y ensayo continuará hasta muy entrado el siglo XX. Cada año a partir de 1935, los Marines realizaran maniobras anfibias (FLEXs) en la isla de Culebra y posiblemente en el islote Cayo de Tierra al sur de Vieques. Luego, a partir de 1941, con la guerra, la enajenación de más tierra puertorriqueña para el uso de las fuerzas armadas estadounidenses tomará proporciones enormes amparada bajo el mantra muñocista de “no inmiscuirse en forma o manera alguna en asuntos relacionados con la Defensa Nacional a menos que no sea para brindarle su más decidido apoyo.” Pero esa es otra historia.



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1 thought on “De Culebra, Marines e imperialismo

    1. Muy buen artículo del historiador Miguel A. Santiago, de hecho Luis Muñoz Marín y Antonio Fernós Insern acordaron con el Congreso de los Estados Unidos ceder las tierras de Vieques a la Marina a cambio de que aprobarán el proyecto de gobernador electivo. La desgracia viequense a cambio de poder elegir a un gobernador colonial.

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