NUESTRA CULTURA
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Ponencia sobre el libro En ese espacio de nadie…

POR: MARÍA TERESA NARVÁEZ CÓRDOVA




Es un placer para mí darle la bienvenida a este libro de poemas de mi admirada amiga, Doris Melo. Desde la primera vez que leí sus versos, quedé imantada por su belleza y por el carácter etéreo de las imágenes. Confieso que, como lectora de poesía, me deleito en la belleza de la palabra y la imagen poética. Y me deleito también en el misterio, y en el paisaje onírico. Quizás por eso mis poetas favoritos son Ibn ´Arabi de Murcia y su delirante “Intérprete de los deseos” (Tarjumán al-ashwaq) y San Juan de la Cruz y su “Cántico espiritual”. Como bien dice Mercedes López-Baralt, la poesía se alimenta del misterio. Y de la ausencia, la nostalgia y el sueño. Todo esto impregna este poemario que hoy presento. El título mismo y la hermosa portada nos sumergen ya en el mundo imaginal y borroso. Estamos en un espacio de nadie, y yo diría en el espacio de NADA en el NO-ESPACIO.


Soy ese espacio de nadie donde habito,
donde de esa otra que también es parte de mi
la que se perfila tratando de apresar la eternidad
cuando el tiempo es una palabra que no tiene espacio
ni las mañanas redimirán el tiempo que ya no es…
Y en otro poema, se coloca “Desde mi nada…. Sin regresar a ninguna parte”. También se siente “colgada en lo profundo de un espacio vacío” y “En el umbral del limbo”. Esta insistencia en la nada y el vacío, en ese NO LUGAR puede llevarnos a engaño. No se trata de un vacío existencial, sino más bien de una nostalgia por un lugar – cuerpo acogedor, una necesidad de asidero vital y sentimental. Por eso, se denomina:


Esa mujer que le sobra
El destino que la marca


Sin tregua,
que, a pesar de ella sigue llamándote
a golpes de silencio.


La voz poética se nos revela soñadora, con una copa de vino tinto en la mano, dibujando con el humo del cigarrillo, la imagen soñada, el anhelo oculto. En una atmósfera evanescente, en un ambiente ingrávido, surge la incesante lucha por expresar el sentir. La insuficiencia del lenguaje ante las emociones más profundas y avasalladoras se hace patente:


¿ Qué sabe la vida de este cronotopo sin tiempo?
Si las manos que escriben estos versos
Desdibujan tan solo las palabras
incapaces de expresar mi verdad…


Y, en otros versos, se declara “huérfana de palabras, en pleno silencio, cuando se acalla el alma”. Sin embargo, existe la esperanza de encontrar o crear la palabra precisa:


Mientras yo …
recogeré cántaros de mariposas
y como un dios redimido por su esencia
inventaré la palabra clave
donde se escurre tu estela.


La soledad y la muerte son motivos recurrentes de los últimos poemas. Pero la voz poética aclara que no pretende el suicidio, solo reconoce que, a pesar de su cansancio vital, no es capaz de imaginar no habitar en su cuerpo. Y es que la poesía de Doris Melo es profunda y delicadamente sensual. El poemario está lleno de fragancias: “perfume de sándalo y almizcle”, menta, jazmín , azucenas, “el perfume de las rosas antiguas”. Pero no todo es sensual aroma también se mencionan “fétidos olores”, “azufre” “gavetas que huelen a rancio” y las “rosas marchitas” que intentan reparar su aroma”. El agudo sentido olfativo parece guiarnos por los espacios de la ilusión y de la muerte. Mas que mirar, olemos. En estos poemas apenas hay color, el paisaje es borroso, etéreo y desdibujado. Son virutas de humo que encarnan el recuerdo, la nostalgia y el deseo.


Uno de los poemas que más llama la atención es “Por las calles pernoctan historias en silencio…” Se trata de un recorrido, imagino que nocturno, por las calles del Viejo San Juan . Allí la voz poética descansa la mirada en antiguas casas con balcones barrocos e imagina la carga de vivencias y recuerdos que encierran las Viejas paredes.


En su interior, afanes, amores, desamores
fantasmas con historias
pululan en los pasillos y zaguanes,
pero la noche las convierte
en mansas paredes tristes y opacas
en donde callan sus sombras.


También es capaz de percibir el olor de la miseria y de la muerte y, en un momento de profunda solidaridad y compasión, siente que su pie les la misma que la de esos seres vituperados, desdichados, y desesperanzados. Estamos ante uno de los poemas más poderosos del libro. Su temática entronca con la de otros poetas que como Edwin Reyes, supieron ver en las calles del Viejo San Juan, la mirada del otro como la suya propia.


Ante todo, este hermoso poemario nos deja un sabor a esperanza y anhelo en su poema final, “Pariendo ternuras en medio de infinitos silencios”. Si bien algunos versos parecen expresar el cansancio de vivir y el sentimiento de derrota, el texto se resuelve con una gota esperanzada, de quien aún es capaz de soñar:
Sin embargo, tengo deseos de parir ternuras,
En medio de infinitos silencios.
Gracias Doris por no sucumbir a la desesperación ni al silencio, cantando tu dolor y tu Nada pero también tu voz delicada y aun capaz de la ilusión.


15 de mayo de 2014



nanomag

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